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La IX región es considerada la más pobre de Chile: el 42,7% de su población vive en la pobreza, de cuyo porcentaje el 22% es indigente (UNICEF 1998). Además, Nueva Imperial y Carahue, comunas donde la Fundación trabaja en mayor medida, pertenecen a esta región y están consideradas entre las 23 comunas más pobres de Chile. En la región, existen dos tipos de agricultores. El primero se caracteriza por explotar predios que funcionan con tecnología moderna, por realizar actividades variadas, (tales como crianza semiintensiva de ganado para producción lechera o ganadera y la producción de cereales, remolacha, verduras, porotos y aceite vegetal) y por su capacidad de hacer del proceso productivo una actividad rentable. El segundo tipo de productor explota predios pequeños, que son generalmente de subsistencia y funcionan con extremadamente poca tecnología. Además, son predios que tienden a estar lejos de los mercados y de los abastecedores, carecen de infraestructura y transporte público y se utilizan principalmente para producir trigo y verduras, criar ganado, cerdos y aves de corral a baja escala para autoconsumo.
Aunque la emigración de la población rural y Mapuche hacia las ciudades es considerable, la novena región aún posee la mayor cantidad de población de esta etnia del país, por lo que muchas familias que trabajan con la Fundación pertenecen a este grupo indígena. Al comparar a la mayoría de la sociedad chilena con la población mapuche que vive en el sector rural, nos encontramos con una gran desigualdad en la distribución del ingreso y de los recursos, así como del acceso a la educación, las oportunidades de trabajo y la atención médica. Los Mapuche, en su mayoría, están por debajo del promedio nacional en las estadísticas sociales. Por ejemplo, un estudio realizado en 1998 indica que la tasa de mortalidad infantil mapuche duplica con creces el promedio nacional y la expectativa de vida es similar a la existente a comienzos de la década del 70 en Chile. Asimismo, el acceso de esta etnia a la atención médica es muy difícil y, en algunas ocasiones, imposible, debido a que existen muy pocos servicios públicos de atención médica en sectores rurales, además de una mala atención en los ya existentes. La gran mayoría de las familias indígenas que hoy habitan los terrenos ancestrales intentan sobrevivir bajo un modelo económico de subsistencia, en propiedades que no sobrepasan en promedio las 3 ó 4 hectáreas, alejadas de los mercados, sin la infraestructura necesaria, con escaso transporte público, dependientes de prácticas agrícolas deficientes (cereales, legumbres) y escasa crianza de ganado menor.
Respecto a la variable ocupacional de las y los jefes de hogar de las familias beneficiadas por la Fundación, en su gran mayoría ellos se definen como "cesantes", porque a pesar de realizar pequeñas labores agrícolas en sus propios predios, ello no les reporta ingresos económicos debido a las reducidas extensiones de terreno que poseen y a la mala calidad de los mismos. A esto se debe que muchos de ellos se vean obligados a realizar trabajos de carácter temporal dentro y fuera de la región, situación que se agrava porque la mayoría de campesinos no han tenido acceso a la educación secundaria y, por lo tanto, no pueden optar a trabajos mejor remunerados y estables. La Fundación Chol-Chol ha trabajado durante más de 30 años con miembros de comunidades indígenas de la IX región y se ha dado cuenta de la importancia de la mujer como motor de desarrollo para su núcleo familiar y su comunidad, característica inherente a la mujer mapuche y su rol dentro de la sociedad de su pueblo. Ver mapa de coberturaQuiénes Somos | Beneficiarios | Programas | Artesanía Textil | Colaborar | Voluntarios Camino Temuco-Imperial Km. 16, Casilla 45, Temuco, Chile | ||||||